
Capaz que es una especie de enfermedad que yo tengo, o tal vez una tendencia a divagar e inventar situaciones irreales e/o imaginarias. Cosas que nunca van a pasar. Empiezo a juntar cosas o gente, el repetitivo “Qué pasaría sí… ”, Imagino cómo serían las cosas si todo fuera diferente, algunos me dirán que estoy loco, seguramente lo estoy, pero disfruto mucho de hacer esas cosas, es mi única obsesión permanente, la única que perduró en el tiempo puedo divertirme por horas creando falsas realidades con personas de mi entorno, que no conozco o ni siquiera existen.
Los que me conocen, saben que tengo una tendencia a obsesionarme a algo muy rápido y me obsesiono mucho a la obsesión (es complicado, es mal escrito, pero es algo así). Cualquier cosa, la transformo en un cliché al instante (incluso la palabra “cliché”), canso a la gente muy rápido con mis obsesiones, soy adicto a la obsesión. Es como una droga que no puedo dejar de consumir, necesito una obsesión en mi persona, de lo contrario no puedo vivir, se me torna aburrido. Entonces, lo que hago cuando me escasean las obsesiones… Deliro. Ya que colgué esta “cosa” por unas semanas voy a dejar de hablar de la obsesión que ya todos saben, y voy mostrar un poco de mi locura…
En cuanto terminé de almorzar, tenía que hacer tiempo en alguna parte para entrar a inglés, estaba solo (como de costumbre), y empezé a caminar, algo que hago prácticamente siempre, amo caminar por todas partes, prefiero caminar por donde pasa el colectivo que quedarme sentado esperándolo, necesito estar moviéndome constantemente (otra obsesión). Así emprendí mi búsqueda en medio del caótico micro-centro marplatense para tirarme a hacer tiempo y leer un par de cosas.
Caminando, comenzé a ver lugares en los que pasé gran parte de mi vida y ahora se veían muy difíciles de retomar un contacto, a pesar de que en el momento en el que yo pasaba por ese lugar lo tenía a metros y con los medios suficientes para ingresar, pero necesitaba refrescar la cabeza, así que caí en la plaza Mitre.
Siempre pasaba por ahí cuando tenía que ir a inglés, cuando las cosas eran diferentes. Pero ahora tenía que clavar media hora en la plaza. Creo que mi vida siempre se basó en las casualidades, o en decisiones que tomé porque se me pintaron a veces resultaron ser unas de las mejores cosas que me pasaron, otras no. En base a esto decidí cruzar Colón y entrar al Central Park de Mar del Plata (Como yo le digo).
En cuanto pase esa barrera que impide a los autos pasar, identifique por 100º vez dos lados de la plaza mitre, uno es en donde están las flores de colores, pasto bien verde, siempre da el sol y está muy bien cuidado; la parte linda. En cuanto al otro lado, es donde el pasto esta menos cuidado, hay más sombras por los arboles, hay tierra y en medio hay una especie de monumento al arte abstracto (o lo que sea eso) que consiste en formas raras de concreto que utilizan los borrachos y drogadictos para fernetearse. Elegí tirarme ahí, no sé porque pero me pareció un lugar “interesante”.
Yo iba con los auriculares, sonaba Just de Radiohead y encaré para el monumento de las esculturas sin forma. En el camino, mientras miraba a centenares de parejas en “la parte linda” de la mitre, pensando lo solo que estaba, vi tirada sobre el pasto a unos cuantos de metros de las esculturas deformes una chica rubia, con lo que parecía un buzo de colegio color bordó, estaba escuchando música. En ese mismo instante mi mente comenzó a trabajar a su 0,2% en preguntarse ¿Por qué estaba ahí? ¿Por qué estaba sola? ¿Cómo se llama? ¿Eso es un uniforme de colegio? ¿Cuántos años tiene?
En cuanto termine de formular todas estas preguntas en mi mente ya estaba acostado sobre esas figuras deformes, mirándola y ella acostada escuchando su música con su pelo rubio, con su buzo bordó, con sus tantos años. Capaz que estaba esperando a alguien, para luego comenzar a hacer todo lo que hacían las parejas del “lado lindo”, pero ella no lucia como para esperar a alguien, ella estaba tirada en el pasto, mirando el cielo, con su música.
Cuando vi que no pasaba nada y me di cuenta de que éramos tal para cual, porque en el momento en que ponemos la música en nuestros oídos entramos en estado vegetativo, entonces pare la música y me acosté sobre el incomodo y frío concreto del monumento a leer. Y en cuanto terminé vi que esta chica seguía ahí, tendida en el feo pasto de la “parte fea”.
Agarre mi Mp3-Celular y puse la canción que le seguía a la que estaba escuchando, Karma Police y mientras volaba con las letras, sonidos acoples y distorsiones que parecían venir de otro mundo, vi que la chica de buzo bordó pasó de estar tendida, a sentarse y volver al mundo “real” del cual había estado ausente por unos cuantos minutos. Sacó de debajo de su cabeza, la mochila que estaba usando de almohada y retiró de ahí un cuaderno, parecía estar leyendo algo, o capaz era una agenda de la cual estaba viendo lo que tenía que hacer, o tal vez era una hoja en blanco que tenía que llenar algún día. Cuestión, mientras sonaba Idioteque y rompía todo mi cerebro de a poco, en un abrir y cerrar de ojos la chica se levanto y se fue.
¿A dónde fue? No sé, y tampoco me interesa, lo único que sé es que esa obsesión ya había terminado para mí, ni siquiera sé si eso fue real o producto de mi imaginación, nunca voy a saber su nombre, ni a que colegio iba, ni lo que estaba escuchando, ni porque estaba tirada en el pasto SOLA en medio de la “parte fea” de la plaza mitre. Solo me bastaron 30 minutos para hacerme su historia y mantener mi cabeza ocupada en eso.
Mis obsesiones son muchas, pero son pocas las que me duran.